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La merma también cuesta: cómo incluirla en el costo de una pieza termoformada

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La merma también cuesta: cómo incluirla en el costo de una pieza termoformada

Fecha de Publicación
28 octubre, 2026

En el termoformado, calcular el costo de una pieza únicamente con base en el material que termina convertido en producto terminado puede llevarnos a subestimar el costo real de fabricación. Durante la producción existen hojas, recortes y piezas que no llegan al cliente debido a ajustes de máquina, errores de corte, retrabajos o problemas de impresión. Todo ese material ya fue comprado, entró al proceso y representa un costo para la empresa. Por eso, la merma también debe formar parte del cálculo de materia prima.

El primer paso es llevar un registro de cuánto material se desperdicia en cada etapa. Por ejemplo, durante el arranque de una producción pueden utilizarse 10, 15 o 25 hojas antes de obtener piezas que cumplan con las especificaciones. En otros casos, el desperdicio puede medirse directamente en kilogramos. Si durante distintos arranques se pierden 10, 20 o 35 kg de material, esas cantidades deben registrarse. La finalidad no es solamente saber cuánto se desperdició en una orden específica, sino construir una estadística que nos permita identificar qué porcentaje de merma es razonable incorporar posteriormente al costo.

Una fuente frecuente de desperdicio se presenta durante la puesta a punto de la termoformadora. Antes de estabilizar la producción puede ser necesario modificar tiempos de calentamiento, temperaturas, enfriamiento o condiciones de vacío. También pueden aparecer fugas en la cámara o en las mangueras de conexión que obliguen a realizar nuevos ajustes. Cada hoja utilizada durante este proceso representa materia prima consumida, aunque todavía no exista una pieza que pueda entregarse al cliente.

El corte también genera merma. Después del termoformado, las piezas pueden pasar por suajadoras, corte láser, router, turbinas neumáticas, taladros, cautines, termo cutters o procesos manuales mediante guías y escantillones. Un mal ajuste puede provocar que una pieza correctamente termoformada termine siendo rechazada porque quedó mal cortada o fuera de especificación. Lo mismo sucede durante determinados retrabajos: colocación de calcomanías, remaches, ensambles de componentes metálicos o plásticos y pruebas iniciales de ensamble pueden ocasionar piezas que ya no sean funcionales para el cliente.

Uno de los procesos donde la merma puede adquirir mayor relevancia es el termoformado a registro de materiales previamente impresos. En este tipo de trabajos es necesario hacer coincidir la impresión con los relieves y formas del molde. Una variación en el posicionamiento puede provocar que el diseño no coincida con la geometría de la pieza, generando rechazo aun cuando el termoformado sea técnicamente correcto. Dependiendo de la complejidad, la experiencia y la estabilidad del proceso, pueden presentarse porcentajes de merma relevantes; como referencia para ciertos trabajos pueden considerarse rangos cercanos al 8% o 12%.

¿Cómo llevamos toda esta información al costo de una pieza? Tomemos un ejemplo práctico.

Supongamos una hoja de poliestireno de 76 x 56 cm, calibre .080”, con un molde de 12 cavidades. Sin considerar merma, el cálculo sería:

76 × 56 × 80 × 28 = 9,533,440

Posteriormente:

9,533,440 ÷ 10,000,000 = 0.953 kg por hoja.

Si obtenemos 12 piezas:

0.953 kg ÷ 12 cavidades = 0.07944 kg por pieza.

Con un precio del poliestireno de $50.00 pesos por kilogramo:

$50.00 × 0.07944 kg = $3.97 pesos por pieza.

Hasta aquí, el costo de materia prima sería de aproximadamente $3.97 pesos, pero estamos suponiendo que todo el material utilizado genera producto bueno. Si nuestros registros muestran que en ese proceso tenemos una merma aproximada del 10%, debemos incorporarla al cálculo:

76 × 56 × 80 × 28 × 1.10 = 10,486,784

Dividiendo:

10,486,784 ÷ 10,000,000 = 1.048 kg.

Ahora distribuimos este peso entre las 12 cavidades:

1.048 kg ÷ 12 = 0.08733 kg por pieza.

Y finalmente:

$50.00 × 0.08733 kg = $4.37 pesos por pieza.

La diferencia entre ambos cálculos es de aproximadamente $0.40 pesos por unidad. Puede parecer una cantidad pequeña cuando observamos una sola pieza, pero cambia considerablemente cuando la multiplicamos por miles o cientos de miles de unidades. Si ese desperdicio existe en la operación, pero no está incluido en el precio, termina siendo absorbido por el margen de utilidad.

Por eso, la merma no debería definirse de manera arbitraria ni aplicarse siempre con el mismo porcentaje. Un producto sencillo puede tener un comportamiento distinto a una pieza compleja con impresión, varios cortes o procesos adicionales. Lo recomendable es registrar los desperdicios reales por producto y proceso, comparar los resultados y actualizar periódicamente los porcentajes utilizados para costear.

El objetivo no es eliminar por completo la merma, porque determinados procesos necesitan ajustes y pruebas antes de alcanzar condiciones estables. Lo importante es conocer cuánto material estamos perdiendo, identificar dónde se genera y asegurarnos de que ese costo forme parte de nuestras decisiones de precio y producción. Una pieza rechazada no deja de costar porque no llegó al cliente. El material ya fue comprado y procesado, y si no lo incorporamos al cálculo, la merma terminará reduciendo silenciosamente la rentabilidad del negocio.

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