La pandemia de COVID-19, declarada oficialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en marzo de 2020, representó una de las mayores crisis sanitarias, económicas y logísticas a nivel global en la historia contemporánea. Sus efectos se manifestaron de manera transversal en prácticamente todos los sectores productivos, con un impacto particularmente profundo en las industrias vinculadas al sector salud. En México, el sector de importación, venta y distribución de dispositivos médicos se vio sometido a presiones extraordinarias derivadas de un incremento súbito de la demanda, disrupciones severas en las cadenas de suministro internacionales, restricciones regulatorias y cambios abruptos en las condiciones operativas y logísticas.
A cinco años del inicio de la pandemia, el análisis retrospectivo permite identificar tres grandes etapas en la evolución del sector: i) una fase inicial de choque y desarticulación entre 2020 y 2021; ii) un periodo de ajustes, reconfiguración y aprendizaje entre 2021 y 2022; y iii) una etapa de recuperación, expansión y transformación estructural a partir de 2023. Este proceso ha redefinido la dinámica competitiva del mercado de dispositivos médicos en México, evidenciando tanto fortalezas estructurales como vulnerabilidades persistentes.
Durante los primeros meses de la pandemia, el mercado de dispositivos médicos enfrentó un fenómeno atípico de choques simultáneos de oferta y demanda. Por un lado, la demanda de insumos médicos se incrementó de manera exponencial, particularmente en segmentos como equipos de protección personal (EPP), ventiladores mecánicos, monitores de signos vitales, pruebas diagnósticas, dispositivos de terapia respiratoria y, en menor medida, implantes ortopédicos asociados a procedimientos urgentes.
Por otro lado, las cadenas de suministro globales se vieron gravemente afectadas por cierres de plantas manufactureras, restricciones al transporte internacional, escasez de mano de obra calificada en países productores y políticas de priorización nacional en mercados estratégicos. Esta combinación provocó desabasto temporal, retrasos en entregas, incremento de costos logísticos y una fuerte presión sobre los importadores mexicanos altamente dependientes de proveedores extranjeros.
Previo a la pandemia, México ya presentaba una alta dependencia de importaciones para satisfacer su demanda interna de dispositivos médicos. Diversas estimaciones indican que más del 80 % de los dispositivos médicos consumidos en el país eran de origen importado, principalmente de Estados Unidos, China y países de la Unión Europea, mientras que la producción nacional se orientaba mayoritariamente a la exportación, en especial hacia el mercado estadounidense (Mexico Business News, 2020).
A nivel regulatorio, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) enfrentó una saturación significativa en sus procesos de evaluación y autorización, derivada del aumento de solicitudes de registros sanitarios, modificaciones, prórrogas y autorizaciones de importación extraordinarias. Esta situación generó retrasos adicionales en la introducción de nuevos productos al mercado mexicano, aun en contextos de alta urgencia sanitaria.
Durante 2021 y 2022, el sector comenzó a transitar hacia una fase de ajuste y reconfiguración. En este periodo, se observaron esfuerzos relevantes para fortalecer la producción local de ciertos insumos médicos, particularmente materiales desechables, dispositivos de bajo riesgo y productos asociados directamente a la atención de la emergencia sanitaria.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la producción nacional de dispositivos médicos registró un crecimiento significativo en 2021 respecto a 2020, impulsada tanto por la demanda interna como por la reactivación de mercados de exportación. Este crecimiento posicionó a México como uno de los principales exportadores de dispositivos médicos en América Latina, especialmente hacia Estados Unidos (INEGI, 2022).
No obstante, la importación continuó desempeñando un papel dominante. A pesar de las dificultades logísticas, la balanza comercial reflejó niveles elevados de importación, acompañados de incrementos sustanciales en costos de transporte, seguros y tiempos de despacho aduanero. Estos desafíos se vieron agravados por decisiones de política pública en materia aeroportuaria, como la reubicación de operaciones de carga aérea al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), que inicialmente carecía de infraestructura aduanera plenamente operativa y de reconocimiento expreso en los registros sanitarios vigentes, lo que generó cuellos de botella adicionales para los importadores del sector.
A partir de 2023, el sector de dispositivos médicos en México comenzó a mostrar señales claras de recuperación y expansión sostenida. La estabilización progresiva de las cadenas globales de suministro, el avance de los programas de vacunación y la normalización de los procedimientos médicos electivos impulsaron una recuperación sólida de la demanda interna.
Datos recientes indican que las importaciones mexicanas de dispositivos médicos y diagnósticos in vitro pasaron de aproximadamente 6.86 mil millones de dólares en 2021 a cerca de 11.4 mil millones de dólares en 2024, registrando tasas de crecimiento interanual superiores al 12 % en el último año reportado (Mexico Business News, 2024). Este incremento refleja no solo una recuperación post-pandemia, sino también un proceso acelerado de modernización del sistema de salud y adopción de tecnologías médicas avanzadas.
El mercado importador se ha diversificado de manera significativa. Aunque Estados Unidos continúa siendo el principal proveedor, concentrando cerca del 50 % de las importaciones, países como Alemania, Italia, China, Corea del Sur e India han incrementado su participación, particularmente en segmentos especializados como equipos radiológicos, oftálmicos, implantes ortopédicos y dispositivos para el tratamiento de enfermedades crónicas.
En el ámbito regulatorio, durante 2024 y 2025 la autoridad sanitaria mexicana anunció la implementación de mecanismos de aprobación abreviada para dispositivos médicos previamente autorizados por agencias regulatorias internacionales de alta vigilancia. El objetivo de estas medidas es reducir los tiempos de acceso al mercado y fomentar la disponibilidad de tecnologías médicas de última generación.
No obstante, al cierre de 2025, dichos esquemas aún se encuentran en fase de implementación, y los registros bajo estas modalidades permanecen en trámite ante COFEPRIS, lo que refleja la persistencia de retos administrativos y operativos en el sistema regulatorio.
Paralelamente, el sector ha experimentado avances relevantes en la digitalización de procesos de compra, gestión logística y análisis de datos. El uso de plataformas digitales, analítica avanzada e inteligencia artificial ha comenzado a optimizar la planeación de la demanda, la trazabilidad de dispositivos y la eficiencia en adquisiciones públicas y privadas (ADN Político, 2024).
La experiencia de la pandemia evidenció tanto la resiliencia como las vulnerabilidades estructurales del sector. Si bien México cuenta con capacidades relevantes de manufactura exportadora, la dependencia de importaciones sigue siendo elevada, lo que expone al país a riesgos asociados a interrupciones globales, tensiones geopolíticas y cambios en políticas arancelarias.
Asimismo, persisten desafíos relacionados con la competencia de productos importados no regulados, la homologación de estándares internacionales y la confianza del sector médico en ciertos dispositivos de producción local, particularmente en segmentos como implantes ortopédicos, donde el precio no siempre se traduce en aceptación clínica o percepción de calidad (El Economista, 2023).
A cinco años del inicio de la pandemia de COVID-19, el sector de importación y comercialización de dispositivos médicos en México ha transitado de una etapa de disrupción severa a un periodo de recuperación, expansión y transformación estructural. Las importaciones no solo han alcanzado los niveles previos a la pandemia, sino que los han superado de manera significativa, impulsadas por la modernización del sistema de salud y la creciente demanda de tecnologías médicas especializadas.
No obstante, el sector enfrenta desafíos persistentes relacionados con su alta dependencia de proveedores externos, la necesidad de fortalecer la regulación sanitaria y la integración efectiva de la producción nacional en cadenas de valor de mayor complejidad tecnológica. A pesar de ello, la tendencia general apunta hacia una industria más dinámica, diversificada e integrada a los mercados internacionales, con perspectivas favorables para consolidar a México como un actor estratégico en el comercio global de dispositivos médicos en los próximos años.
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